13 de junio de 2009
Como de costumbre salí a darme mi tour sabatino por el
centro de la Ciudad de México; confieso que apesar del permanente tráfico, la 'educada' gente, la preocupante inseguridad y la terrible delincuencia, me gusta muchísimo,
todavía hay muchos lugares y personas interesantes por conocer.El plan era ir al Mumedi, a una presentación de soluciones de video, animación y sonido de Adobe.
Mi aventura inició en un vagón del metro, iba ya bastante molesta por el calor, por los encajosos vendedores y algo retrasada en tiempo, un mal día pintaba.
[10:42am] Un par de señores ya mayores, desconocidos entre ellos, comenzaron a platicar; uno de ellos portaba
unos zapatos impecables y una sonrisa reluciente. Me enteré que iba a la Ciudadela. Yo le sonreí y le pregunté:
- Oh! Va a la Ciudadela a bailar danzón?
- [Él sólo me guiñó un ojo.]
- A mí me gusta mucho bailar sólo que no tengo con quien- dije tristemente
- Pues debería de irse con él y ya llega con pareja- dijo el otro señor
- No puedo tengo una cita en un museo y no puedo faltar...
- Debería de ir hoy, habrá orquesta en vivo. Yo siempre voy para allá los sábados, a estas horas, generalmente es de 10 a 4. Ojalá un día vaya señorita y nos echamos una salsa cubana!
- Claro que sí señor!
- Aquí me bajo...hasta luego!
- Buen día!
Me habían dicho que allá bailaban y que el ambiente se pone buenerrimo, y que se reunen muchos señores a practicar infinidad de ritmos. Se me antojó ir, pero el museo me esperaba.
Llegué al MUMEDI un poco triste.
Entré a la conferencia a tiempo y todo salió perfecto, aprendí muchas cosas. Saliendo no quería llegar a casa así que caminé solita como chorromil kilómetros durante cinco horas, pasé por la Catedral, Bellas Artes, el Sanborns de los Azulejos, la gran Gandhi, el Mixup, muchas estaciones del metro, tres mercados, la calle de Gante [amo al saxofonista que se pone siempre] , una tienda de DVDs originales muy muy baratos en Independencia...
Caminando y preguntando me aproximaba. Ya cer
ca del metro Balderas, la música me guiaba. Hasta que llegué triunfante a la Ciudadela... Decenas de señores mayores bailando a ritmo del son cubano, jamás vi tanta gente junta irradiando tanta pasión y sabrosura; moviendo coquetamente las caderas y energicamente los pies.
Busqué al señor del inolvidable calzado. No lo encontré.Fascinada estaba yo mirando. Empecé a reflexionar.
Me sentí muy triste pues deseé haber estado con alguien en ese momento, para compartir todo lo que estaba viviendo y bailar. Admiro a ese grupo de personas, porque ha esa edad se ponen sus mejores atuendos para salir a bailar, con la batería a tope y el entusiasmo intacto. Siguen en batalla, sanos y fuertes.
Cada pareja una amalgama perfecta, conversaciones de movimientos cadenciosos, comprensión total, los mejores equipos en acción, pasión en los ojos, brazos y piernas, esposos con sus esposas,
Fui muy feliz viendolos, y triste también, me hubiera gustado ser parte de la celebración.Yo quiero un par de zapatillas que se entiendan con otros zapatos,
quiero un hermoso vestido colgado junto a un elegante saco, quiero hacer de la vida una pista de baile,
quiero tener memorias ritmicas compartidas, quiero diálogos nocturnos de risas musicales,
quiero ciclos dancísticos de retroalimentación conjunta, quiero experiencias latinas mutuas,
quiero intercambios de ritmos, quiero recuerdos infinitos...
¡Quiero tener un millón de piezas de baile sabatinas guardadas en el alma y el corazón!